Cuando Esteban giró la calle se dio cuenta de que había reaccionado demasiado tarde, solo le dio tiempo a distinguir un coche entre la lluvia, un coche negro, eso es todo lo que pudo ver. Entonces empezó a recapacitar, no hacia mas que maldecirse por haberse parado a coger aquella rama que tenía en sus manos, pensó que sin ella hubiese alcanzado al tipo del traje, o que, al menos le hubiera dado tiempo a ver la matrícula del coche negro. Tras un rato maldiciéndose, Esteban no podía aceptar que aquel maletín se esfumase, y tras romper la rama con toda su rabia, decidió volver al bar a hablar con Eva, la cosa no podía quedar así, era demasiado el esfuerzo que había hecho para conseguir su objetivo como para que se le escapase cuando estaba a su alcance.
En el camino hasta el bar estuvo pensando. Esta vez no estaba nervioso, su cabeza solo buscaba maquinar un plan para recuperar el maletín, pero eran muchas las preguntas que le tenía que hacer a Eva, ¿Quién era ese hombre? ¿Por qué llamo por teléfono? Y lo que es más importante ¿a quién?
Cuando Esteban entro en el bar, la gente que había asistido a lo sucedido enmudeció, estaba empapado, y todavía en él se notaba el esfuerzo que había hecho para intentar coger al tipo trajeado. Esteban miraba a uno y otro lado del bar, buscaba a Eva, pero esta parecía que había desaparecido. La rabia de Esteban aumentaba cuando de pronto Eva apareció al fondo del bar, se miraron, era una mirada tranquilizadora y a la vez nerviosa, ella sabía que él no pudo alcanzar a aquel hombre, sin embargo, él se tranquilizó porque sabía que ella le podía ayudar, y además, aquella mirada le hizo sentir que no estaba solo en aquel lio que tan importante era para él.
Eva se acercó a él, le dijo que había estado hablando de lo ocurrido, que por eso había ido al servicio, donde nadie podría escucharla. Él como no podía ser de otra manera pregunto que con quien había estado hablando, en ese momento, el sonido del claxon de un coche invadió el lugar, seguido, ella le dio su móvil a Esteban, le dijo que lo mantendría informado, que no podía decirle más en ese momento, y corrió hacia el coche de la puerta que todavía tocaba el claxon.
Esteban volvió a casa, la lluvia había cesado, pero su ropa todavía estaba mojada de la lluvia, para tranquilizarse se dio una ducha, no paraba de darle vueltas a lo acontecido, y cada vez tenía más preguntas para Eva. Tras la ducha, Esteban se tumbo en el sofá de su apartamento, un sofá verde, verde esperanza pensó él, esperanza de volver a encontrarse con el maletín. Tumbado miraba el móvil, un móvil negro, parecía bastante caro, pues tenía pinta de ser uno de los últimos modelos, pero en ese momento pensó que eso no era nada interesante para él.
Estuvo trasteando el móvil, se preguntaba por qué Eva le había dado aquel móvil, miró la agenda, no había nada, ningún número, el móvil estaba vacío, Eva había borrado todo, mensajes, números, etc.… Esteban solo tenía que esperar, al fin y al cabo era lo único que podía hacer. Intento buscar ayuda en la red, hasta ahora todos sus problemas se habían resuelto desde ahí, esta vez era complicado, la situación le podía, pero ese maletín era demasiado importante.
Sin noticias de Eva, él no podía hacer nada, aun así sentía la obligación de tener que estar preparado, de que en cualquier momento ella lo llamaría. Pasó horas mirando el móvil, en la red busco información sobre lo que había en aquel maletín, nada nuevo, todo lo que encontraba ya lo sabía, se había convertido en la persona que posiblemente más sabia del tema.
Se hizo la noche y volvió la lluvia, como siempre, puntual, su familia se interesó por él, él como siempre también, frio y distante, quizás un poco menos de lo habitual, esta vez habló mucho tiempo con ellos, se sentía mas solo de lo normal, incluso pidió consejo para hacerse con un coche, algo le hacía pensar que lo iba a necesitar, pero él sabía que no podía hacerse con uno, y su familia esta vez no le podía ayudar.
Esteban seguía esperando que el móvil sonase, ya era tarde, había utilizado toda la tecnología que había en su humilde apartamento y todos sus utensilios para ponerse en forma, había pedaleado más de una hora con su bicicleta estática, para ver si le entraba el sueño, pero no podía dormir, nada mas echarse a la cama, las preguntas le invadían su cabeza, estaba muy tenso, asi que se tumbo en la cama para pensar, como siempre cuando necesitaba relajarse puso musica clasica muy bajita. Al final el sueño le pudo, muy tarde ya Esteban cayo dormido.
Por la mañana lo despertó el sonido de aquel móvil, rápido saltó de la cama, no sabía cuántas horas habían pasado desde que se quedó dormido, miró la pantalla de aquel móvil, no aparecía el numero, pero él no tenía dudas de que era Eva.
Efectivamente era ella, él contestó medio dormido, y ella le reprocho que era muy tarde para dormir. Estuvieron hablando, ambos habían echado de menos sus largos encuentros en la red, Esteban estuvo horas y horas esperándola hasta que se durmió, pero en ese momento no se lo iba a reprochar, lo más importante era que ella lo había llamado por fin, y que con ello, podía conseguir información sobre el tipo trajeado.
Tras una larga conversación, decidieron verse de nuevo, el móvil no era el medio para hablar del maletín, acordaron verse en un parque cercano a la casa de Esteban.
Esteban se acercó al parque en su único vehículo, en una bicicleta algo antigua, de la que no se sentía muy orgulloso, pero a la que le tenía mucho cariño. Cuando se vieron, una sonrisa se dibujo en la cara de los dos, estaban preocupados por lo perdido, pero a la vez ambos tenían la tranquilidad de tenerse ahí, de no sentirse solos. Esteban fue al grano, le pregunto por la llamada de teléfono, por el coche que la recogió, y sobre todo por el hombre trajeado. Ella le dijo que no era seguro hablar allí, que mejor que fueran a un sitio cerrado, él ofreció ir a su casa ya que estaba alli al lado, ella bromeó sobre si la iba a llevar en su bicicleta y aceptó.